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Entrevista a Richard Wilson, American University, Washington College of Law PDF Imprimir E-mail
Entrevista a Richard Wilson, American University, Washington College of Law

Richard Wilson-Usted habló en la clausura de la Conferencia de GAJE acerca de casos de Derechos Humanos en clínica jurídica, específicamente de los casos Pinochet y  Árbenz.

-Los casos vienen cuando mi clínica, que abrió en 1990, estaba ya en funcionamiento. El caso Árbenz termina este año, y respecto al caso Pinochet, todo empezó cuando conocí a dos españoles en el año 98 y hablé con ellos sobre un proceso completamente innovador, ya que suponía la posibilidad de juzgar a un dictador en un tribunal de España por sus delitos internacionales cometidos en Chile.

Me fascinó, y al volver a mi facultad todos los penalistas dijeron que no era posible, que la jurisdicción es territorial. Por fin los convencimos y escribimos un memorándum extenso para el juez Garzón sobre la jurisdicción y los delitos internacionales cometidos por Pinochet: genocidio, crímenes contra la humanidad, asesinato, terrorismo del Estado... Lo trasmitimos a los abogados de los demandantes, que lo derivaron a Garzón. Buscábamos victimas de los EEUU porque el juez quería conseguir la cooperación del departamento de justicia de los EEUU sobre los delitos cometidos contra norteamericanos. Sólo encontramos a Charles Horman, que murió y fue la base de una película, “Missing”. Sometimos esa información al juez y el proceso siguió.

Al año siguiente, cuando Pinochet fue arrestado en Londres, otro equipo de 2 mujeres se desplazó hasta allí  para ayudar a la Corona en la extradición de Pinochet. Se quedaron en la cámara de los fiscales de Londres. Así terminó nuestra acción en el caso Pinochet.

Eso creó una ola de justicia mundial y esa ola creció y aumentó el número de acciones de justicia internacional y nacional. Provoca incontables restauraciones de memorias históricas. El objetivo no era ganar el caso, sino dar voz a las víctimas olvidadas de Chile.

En cuanto al caso Árbenz, se me acercó un nieto de Jacobo Árbenz, llamado Eric Árbenz Canales, para discutir la posibilidad de representar a la familia en 2006. Ellos habían querido presentar una demanda en Guatemala, pero ningún abogado estaba dispuesto a ayudarles por el peligro y por la falta de conocimiento en procesos internacionales.

A mí me interesaba mucho el caso. Cuando él fue derrotado en el 54, recurrieron a una finca bastante grande que tenía en Guatemala, lo perdieron todo. Él murió en México en 1971. La familia estaba destrozada por el proceso, se suicidaron dos de sus hijas y, por fin, al buscar justicia en Guatemala, después de más de 50 años, sin éxito, buscaron justicia en la comisión.

Este año llegamos a un acuerdo amistoso con el Gobierno de Guatemala: no seguir el caso si reparaban el daño con acciones que restauraran la memoria de Árbenz en la historia de Guatemala: un salón especial en el museo histórico de la nación, una serie de sellos, una carretera con su nombre, el cambio de los libros de historia de Guatemala para incluir un capítulo sobre Árbenz y su caída y restauración, una indemnización privada para restaurar la finca… Y, por fin, en octubre de este año, habrá una ceremonia pública donde el presidente presentará una carta de perdón público a la familia por la culpa del Gobierno en la caída de Árbenz y la restauración de su memoria en el país. Me parece que tanto el Gobierno, como los peticionarios, se quedaron satisfechos con esto. No sé por qué el Gobierno estuvo dispuesto a llegar a este acuerdo, pero es magnífico, un éxito completo para mí.

-¿Usted qué opina sobre el tema del juez Garzón, que ha trabajado en casos de reivindicación de la memoria histórica luego de sangrientas dictaduras como las de Pinochet y Videla en Argentina, y que, sin embargo,  está siendo cuestionado por querer restaurar la memoria histórica en su propio país?

-Algún día tendrá que suceder, es un asunto de rango doméstico que puede ser llevado a cabo por un juez, por los periódicos, por la agitación del público, pero tiene que suceder. La historia no queda satisfecha con esa falta de memoria. La historia exige la verdad y no hemos aprendido toda la verdad de lo que ha pasado en España.

No conozco suficientemente los detalles del caso, pero creo que el juez Garzón siempre ha sido muy estricto, se ha basado en normas nacionales e internacionales para el análisis legal, que es esencial para aprender la verdad histórica. Él siempre ha sido muy recto a pesar del peligro profesional y personal.