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Entrevista HURI-AGE a Gregorio Peces-Barba PDF Imprimir E-mail

 

“El siglo XXI será clave para la extensión racional y espacial de los derechos”

 

A sus setenta y un años, Gregorio Peces-Barba no piensa dejar de trabajar. Y tiene varios proyectos entre manos. Entre ellos, la coordinación del programa Consolider Ingenio 2010 “El tiempo de los derechos” (HURI-AGE). Un proyecto integral e innovador en el que la teoría y la práctica de los derechos van de la mano. Su objetivo: ampliar la frontera del conocimiento en la investigación en derechos humanos y contribuir a su efectiva satisfacción en el contexto nacional e internacional.

 

Gregorio Peces-Barba

 

Obviamente, su dedicación a los derechos humanos no es nueva. Y es que el profesor Peces-Barba ha sido uno de los pioneros y principales impulsores de la investigación en esta materia en España: coordinador de numerosos proyectos, autor de publicaciones de referencia, impulsor de importantes centros de investigación en derechos humanos… Sus estudios sobre la historia, el concepto y el fundamento y la teoría jurídica de los derechos fundamentales constituyen aportaciones clave para comprender su evolución y su significado en las sociedades contemporáneas.

 

Pero, además, Gregorio Peces-Barba ha ido más allá de lo estrictamente académico y siempre se ha preocupado por aplicar sus conocimientos teóricos en esta materia a la realidad. Como abogado defensor frente al Tribunal de Orden Público; como ponente constitucional; como presidente del Congreso de los Diputados; como Alto Comisionado del Gobierno español para las Víctimas del Terrorismo, se ha mantenido firme en la lucha por el reconocimiento y garantía de los derechos humanos.

 

Un perfil, sin duda, más que idóneo para liderar HURI-AGE.

 

- ¿Cuál es, en su opinión, la situación de la investigación en España?
- Bueno, yo creo que ha mejorado mucho desde la democracia. Aunque esa mejora parece más fácil de percibir en el ámbito de las ciencias experimentales, físicas y matemáticas, y de las ingenierías, también la investigación en ciencias sociales jurídicas y humanidades es en la actualidad muy potente. Sin embargo, en este segundo ámbito deben realizarse todavía algunos esfuerzos.

 

- ¿Qué echa en falta en el ámbito de la investigación jurídica?
- En primer lugar, un esfuerzo de los propios investigadores y grupos de adaptación a los nuevos escenarios que, en todo caso, debe ser compatible con el mantenimiento de las formas tradicionales. 
En segundo lugar, creo que el esfuerzo público, que es el primero en este campo, debe aumentar y crearse una conciencia en los grupos sociales y en las empresas del valor que tiene este tipo de trabajos. Sin una sociedad tranquila, segura y justa, que se pone en valor con la investigación jurídica, las demás investigaciones sufren de la falta de sosiego y de escenarios poco estables.

 

- ¿Estaría la investigación jurídica en desventaja con respecto a la investigación en otras ramas consideradas más “científicas”?
- Es cierto que la cultura académica ligada a las ciencias jurídicas tiene dificultades para adaptarse a los estándares científicos comunes a otras áreas. En este sentido, considero necesario arbitrar sistemas de evaluación de la actividad investigadora mediante criterios objetivos que resulten equiparables a los usuales en otros ámbitos de investigación, pero que tengan en cuenta la especificidad de la investigación jurídica.

Pero no creo que deban producirse unos criterios de unificación entre todas las culturas académicas. Por eso, la pretensión de trasladar de manera automática los criterios de calidad de las ciencias antes citadas a la investigación jurídica no parece ni oportuna ni fructífera. Quizás, esa aproximación ha tenido éxito con las ciencias económicas, pero en el campo del Derecho deben mantenerse algunas tradiciones que han dado buenos resultados.

 

- ¿Y cuáles serían esas tradiciones?
- Por ejemplo, en el ámbito jurídico la publicación en revistas de circulación internacional no es el medio principal de canalización de la actividad científica y, aunque pueda ser oportuno aproximarnos a esta cultura, en ningún caso se debe sustituir el estudio tradicional plasmado en el libro.

Igualmente, si bien el trabajo colectivo – poco común hasta el momento en ciencias jurídicas - es esencial para abordar el estudio de realidades pluridisciplinares como son los derechos, deben mantenerse aproximaciones individuales.

En todo caso, no creo que sea desventaja sino diferencia, lo que es enriquecedor. Además, la investigación jurídica no sólo no es secundaria, sino que, como ya he indicado, es prioritaria para garantizar escenarios estables en una sociedad segura que permita la generación de conocimiento y el avance de las demás ciencias.

 

- Entonces, ¿por qué ha habido que esperar tanto para que una propuesta del ámbito jurídico entre en convocatorias de este tipo?
- Con carácter general, la exactitud, que parece gratificante en otros ámbitos, encuentra dificultades en el ámbito de las ciencias humanas y en el ámbito de la ciencia del Derecho.
En concreto, por lo que respecta a la investigación en derechos humanos, la principal dificultad radica en que los derechos humanos tienen una carga ética e ideológica y que su pretendida universalidad, derivada de su racionalidad indiscutible, choca con sistemas políticos y económicos muy vivos como los de los países autoritarios y los vinculados a alguna religión, donde no hay espacio para los mismos. Nos queda todavía mucho que trabajar para que la universalidad lógica se convierta también en universalidad espacial y temporal.
En el campo de los derechos humanos, hemos sido pioneros en entrar en el programa Consolider y se trata de una acción que lleva tan sólo tres convocatorias, por lo que hemos tenido que esperar relativamente poco. El retraso no ha sido tan largo, sino tan solo de unos cuantos años.
Ahora bien, es cierto que ha habido que esperar más para que una propuesta del ámbito jurídico entre en convocatorias de investigación de excelencia y situadas en la frontera del conocimiento. Posiblemente, y de manera breve, podría aludirse a una doble causa. Por un lado, la escasa valoración de la investigación jurídica por parte de la comunidad científica internacional. Por otro, la falta de adaptación de los grupos de investigación jurídicos a los estándares científicos internacionales. Que la investigación en derechos humanos haya sido pionera en el ámbito jurídico, muestra la calidad de los grupos españoles que trabajan en esta materia.

 

- ¿Y por qué ahora el Consolider? ¿Qué cree que ha cambiado?
- Creo que era inevitable el traslado de unos conceptos que son de una importancia extraordinaria para el Estado liberal, democrático y social de Derecho, al ámbito de la universidad una vez constatadas sus posibilidades científicas y superada la idea de un solo camino para la investigación vinculado a las ciencias naturales, experimentales, físicas y matemáticas.
Para este cambio cultural, han tenido mucho que ver los horrores de las dos guerras mundiales y de la destructividad y expansión, a las poblaciones civiles, de las armas modernas, que chocan de frente con la dignidad de la persona humana, que está en el fundamento de los valores, de los principios y de los derechos.

 

- ¿Hay ahora una mayor consciencia de la importancia de los derechos humanos?
- El aumento de los desafíos a los que nos enfrentamos en la sociedad del siglo XXI se está viviendo a través de la expansión del catálogo tradicional de derechos, y está haciendo más consciente la necesidad de su reconocimiento y eficacia como medio para hacer frente a dichos desafíos. Los problemas con el medioambiente o los que se están originando en sociedades cada vez más multiculturales, por poner sólo dos ejemplos, aunque hay otros muchos, no dejan lugar a dudas sobre la importancia de los derechos humanos en este siglo XXI.

 

- ¿Qué otros retos y desafíos se plantean a los derechos humanos en el siglo XXI?
- En primer lugar, el mantenimiento de los derechos clásicos, que son imprescindibles, individuales, civiles y políticos.
En segundo lugar, la extensión y la consideración como derechos fundamentales, de los económicos, sociales y culturales, que tienen una forma de universalidad diferente de los anteriores porque no se sitúan en el punto de partida, sino en el punto de llegada. De todas formas, si alguien considera que la escasez es un obstáculo para estos derechos, habrá que volver a sus orígenes y extenderlos sólo a aquellos que no pueden, por sí mismos, satisfacer las necesidades básicas que estos derechos resuelven. En ningún caso, la escasez puede ser excusa para suprimirlos.
En tercer lugar, hay que atender a los nuevos derechos de las personas situadas y concretas, que ya no son derechos de todos, no son derechos de los hombres y de los ciudadanos, sino de aquellos colectivos que están en inferioridad de condiciones y que necesitan un plus sobre las demás personas para ponerse al nivel de todos. Son los derechos de la mujer, de los niños, de los ancianos, de los enfermos, de las personas con discapacidad, de los usuarios o de los consumidores. También en éstos, la universalidad está en el punto de llegada y no pueden ser tratados desde la igualdad como equiparación de los derechos clásicos, sino desde la igualdad como diferenciación. Aquí también la equiparación está en el punto de llegada.
Por último, es necesario el esfuerzo espacial de la extensión al ámbito internacional. Avanzando poco a poco desde los planos regionales como el europeo o el americano, al plano universal. En este ámbito, todavía queda mucho por hacer y por vencer resistencias políticas, económicas e ideológicas de quienes todavía no han asumido como propia la cultura de los derechos humanos.

 

- ¿Cómo puede este proyecto contribuir a mejorar la situación de los derechos?
- Creo que el proyecto se sitúa primero en un ámbito de pensamiento y la extensión se tiene que producir implicando a las instituciones públicas, a la sociedad civil y a las empresas en la comprensión de los objetivos y en el esfuerzo para contribuir a su realización, en el ámbito español, europeo y americano fundamentalmente.

 

- El proyecto insiste en la desconfianza de la ciudadanía ante los derechos y, concretamente, ante la utilidad de las investigaciones desarrolladas en esta materia y en su capacidad para generar progreso. ¿A qué cree que se debe esta actitud?
- Aunque no creo que el escenario sea tan negativo como sostiene la pregunta, posiblemente exista una cierta desconfianza de la sociedad civil hacia los derechos debido al uso demagógico y retórico que, en ocasiones, se hace de los mismos y a un cierto escepticismo en relación con la utilidad de la investigación en derechos humanos derivada, de un lado, de la despreocupación que en muchas ocasiones ha mostrado frente a las demandas y problemas sociales y, de otro, a que el impacto de los avances científicos y su capacidad para transformar la realidad no es tan evidente ni tan inminente en el campo de las ciencias sociales como en otras áreas.

 

- ¿Qué va a hacer HURI-AGE por crear “una ciudadanía consciente de sus derechos”?
 - Digamos que lo que ocurre en las sociedades democráticas como la española, que viven la cultura de los derechos, es que a veces no son conscientes de lo que están viviendo. Es como el aire que se respira, que no se considera hasta que falta.


Así que para crear una ciudadanía consciente de sus derechos y exigente con los mismos, la mejor herramienta es la formación y la educación en derechos humanos. Por esta razón, el programa Consolider “El tiempo de los derechos” articula toda una serie de actuaciones en este campo, sin olvidar la difusión, comunicación y divulgación de los resultados de la investigación.
De todas maneras, creo que va a contribuir mucho también, con carácter general por el esfuerzo de formación que supone, la nueva asignatura de Educación para la ciudadanía y derechos humanos. Encontraremos a una juventud cada vez más consciente del valor de los derechos y así la alta investigación que supone un Consolider podrá fructificar mejor.

 

- ¿Cuál considera que es el aspecto más destacable o innovador de este proyecto?
- En cuanto a la orientación del mismo, creo que la asunción de un enfoque integral en el análisis de la realidad de los derechos constituye uno de los aspectos más originales del proyecto. Además, podría destacarse su dimensión multidisciplinar, al combinar la capacidad de investigación de grupos heterogéneos y especializados con amplia experiencia en esta temática.
Destacaría también el intento del proyecto de salvar la brecha entre la teoría y la práctica de los derechos humanos, a la que me he referido hace un momento. Tratamos de conseguir a través de una investigación teórica de calidad, que combina la mejor tradición jurídica con aspectos más novedosos, transformar y mejorar la realidad de los derechos. ¿Cómo? Pues, por ejemplo, articulando medidas dirigidas a la configuración de políticas públicas, diseño de instituciones y actuación de quienes operan en el campo de los derechos humanos.

 

- ¿Cree que podría haber un antes y un después en la investigación jurídica después del Consolider?
- Creo que supone un paso hacia modos colectivos de investigación, lo que es un cambio extraordinario. No se olvide que los grandes investigadores jurídicos en el siglo XX actuaban con trabajos individuales. Piénsese, por ejemplo, en la Teoría pura del derecho de Kelsen, en el Concept of Law de Hart, o en la Teoría General del Derecho de Bobbio. Ese modelo investigador debe seguir y yo, al mismo tiempo, estoy, al tiempo que encabezo el proyecto Consolider, “El tiempo de los derechos”, trabajando solitariamente en una investigación propia y exclusiva que denomino Diez lecciones sobre Ética, Poder y Derecho.
No obstante, la sociedad del conocimiento en la que nos encontramos inmersos, y los muchos cambios que están viviéndose en la investigación, exigen también nuevas herramientas que permitan aunar esfuerzos construyendo grandes grupos de investigación competitivos y capaces de llevar la investigación jurídica española hasta nuevas cotas de crecimiento. No sé si en ese esfuerzo llegaremos a la altura de Kelsen, Hart o Bobbio, pero en todo caso, este cambio supone dos dimensiones esenciales.

Por un lado, la concesión del proyecto Consolider propiciará una mejora estructural en el ámbito de la investigación jurídica en derechos humanos, a través del aumento de la calidad de las publicaciones de los grupos, su visibilidad, internacionalización etc. Además, y en tanto que en este proyecto participan investigadores y grupos de diferentes ramas del Derecho, esta mejora supondrá un fortalecimiento de la investigación jurídica en general.
Por otro lado, el programa “El tiempo de los derechos” pone en marcha una ambiciosa política de transferencia de los resultados de la investigación, que hará que la investigación jurídica no esté tan cerrada en sí misma.

 

- ¿Será el siglo XXI el tiempo de los derechos?
- El tiempo de los derechos empieza con el tránsito a la modernidad, y en cada siglo hemos ampliado, profundizado y conquistado nuevos espacios para los derechos. El siglo XXI continuará el esfuerzo de los tres siglos anteriores, a partir de la Ilustración, que es cuando se lanzó el mensaje clave: “no necesitamos muletas ni andaderas, sino que podemos actuar por nosotros mismos”, recuperando el dominio completo sobre la luz del saber y sobre la razón. En todo caso, el siglo XXI será clave para la extensión racional y espacial de los derechos.

 

- Por último, ¿nos podría informar sobre sus proyectos actuales? Por lo que vemos, no piensa parar de trabajar.
- Por supuesto que no. Me gustaría, en primer lugar, asegurarme de que el proyecto Consolider “El tiempo de los derechos” llega a buen puerto.

Además, pretendo continuar la docencia y la investigación y ayudar con mi experiencia y a través de los medios de la Fundación Gregorio Peces-Barba para el Estudio y Cooperación en Derechos Humanos- a la que contribuyen diversos amigos y especialmente el Grupo Santander- a la formación y el apoyo de los jóvenes profesores en el ámbito de la Filosofía del Derecho y los derechos humanos.
Y pienso seguir colaborando en los medios de comunicación para contribuir en la medida de mis posibilidades a mejorar y perfilar la democracia en nuestro país.